"¿Ética en la Actualidad?"

Publicado en por Alejandro Reyes Varela Skoglund. Representante ante Profesores.

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“El periodismo es libre o es una farsa” Rodolfo Walsh

 

Me resulto difícil escoger dentro de una gama muy amplia de temas uno sólo y catalogarlo no como el más importante pero si como uno de los que más me llamo la atención, lo anterior según mi entender obedece al clima social en el que nos encontramos, cerca de cerrar un año más, “celebrando” el centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia, y mirando atrás, me he quedado completamente decepcionado de lo que vi, de lo que estoy viendo y de lo que veo en el horizonte. A que me refiero, pues bien hoy me puedo declarar preso de los medios de comunicación, ¿por qué? Muy sencillo la manipulación, la corrupción, el control, el poder se ha salido de control y esto ha afectado a los medios de comunicación. No es posible que en un país como el nuestro en el que se busca salir de un problema como la corrupción, nos encontremos con que los medios son actores principales de la película, que han sido partes de complots, que han formulado operativos, que han montado escenografías para acabar con agentes políticos, y la lista continúa. Sin embargo, no es el objetivo inundar de pesimismo el presente escrito, ahora bien me dispongo a analizar el tema que engloba el deber ser de la comunicación.

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La principal fuente de información para cualquier persona son los medios de comunicación, llámese revista, radio, televisión, periódicos y recientemente la ola de información que se nos comunica a través de internet. Es por esto que al hablar de ética de la información necesariamente también lo haremos de los periodistas, que son los encargados de hacer llegar dicha información y obviamente, al no estar simplemente la información flotando en el aire es en el periodista donde radica la ética informativa. Buscamos cualquier tipo de información en cualquier cantidad, sin importar el medio por el que la conozcamos pero definitivamente la calidad de la misma es lo que distingue una verdadera libertad de la información y es en este punto donde la ética de la información entra en juego, ya que se desea una información que pueda contribuir a la construcción y mejoramiento de una sociedad.

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Los periodistas son los agentes que transmiten la información, realmente pueden llegar a constituir en su conjunto un monopolio de la información, en el sentido de que son la única manera en la que podemos obtener la misma. Ahora bien, la forma de conducirse que tenga ese agente en  la expresión de la información y del contenido que posee es lo que puede ser sujeto a un juicio ético.

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Actualmente se presenta de manera latente una crisis en cuanto al derecho a recibir información de una forma ética de parte de los medios de comunicación, refiriéndome por forma ética a las distintas características que se deben asegurar que la información cumpla con su objetivo primario (aunque suene obvio): el de realmente informar.

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Los medios de comunicación tienen una responsabilidad tremenda al momento de dar a conocer información, ya que este simple acto llega a modificar la vida de las personas. Y esta responsabilidad puede darse en varias vertientes. Primeramente está la de la veracidad es decir, que la información emitida realmente se adecue a la realidad, que sea lo que sin lugar a dudas aconteció y  en más de una ocasión parece que los medios son indiferentes a esta responsabilidad. En diversas ocasiones no se molestan en verificar que la información que les llega tenga un ápice de verdad, lo que provoca que el público receptor confíe cada vez menos en ellos. Quisiera poner un ejemplo: ¿Qué pensaría el lector si le dijera que escuche en la radio una nota acerca de una mujer embarazada que fue privada de su libertad a la mitad del día, posteriormente llevada a una clínica clandestina donde fue forzada a dar a luz con el fin de que sus captores robaran a su hijo y  para que después fuera abandonada en frente de un hospital? La reacción que tuve en ese momento fue de angustia, temor y odio por quien hizo eso. Una noticia bastante impactante e inimaginable. Horas después, resulta que los hechos narrados en la noticia nunca sucedieron y la supuesta madre sufría un trastorno mental, por lo que inventó toda esa historia. La radiodifusora no se preocupó por verificar que la noticia hubiera sucedido, simplemente la recibe emitiéndola con total irresponsabilidad y ya ni siquiera se puede confiar totalmente en la rectificación de la noticia, lleva a la pérdida de la confianza.

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La veracidad de la información nos lleva a otro importante elemento es decir, la objetividad. Dar a conocer determinados sucesos de una determinada manera con la que únicamente se tenga el objetivo de informar y que cada persona forme su juicio. Esto no impide que el periodista no exprese su opinión ni mucho menos, solamente debe de diferenciarse entre la opinión y la información que se emite. Hay una línea muy fácil de traspasar entre opinión e información, lo que puede llevar a la manipulación de la población que la conoce. Es decir, la manera en la que se maneje la información va a tener un efecto en la percepción de la realidad que se pueda llegar a formar en las personas y es un deber del periodista evitar estos vicios en la percepción de la gente. La información da origen a la opinión pública y la opinión pública puede llegar a tener una fuerza tremenda, en cualquier ámbito, pero sobre todo en el político. Esto puede ser aprovechado por los medios de comunicación para manipular a toda una nación e inclusive al mundo. En este sentido los medios de comunicación tienen un poder enorme, pueden inclusive moldear los sentimientos de los receptores, siendo el miedo uno de los más peligrosos. Basta recordar las situaciones de emergencia que requieren de las más altas precauciones. Como un claro ejemplo de lo anterior se puede señalar las constantes noticias sobre el virus de influenza A H1N1 o como diría la “Maestra Elba Esther Gordillo AH23NH456…” (cuyos síntomas, medidas de prevención y demás oímos hasta el hartazgo). Era una situación desconocida para todo el mundo y no pasó un solo día antes de que los medios de comunicación empezaran a recordar las grandes tragedias en la historia de la humanidad para infundir temor a una parte de la población, propiciar compras de pánico y encierros voluntarios de la población. Una cosa es informar sobre el estado de emergencia y otra muy distinta propiciar una alarma infundada en la generalidad de la población.

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 “Uno de los logros indudables de la Revolución Liberal fue la potenciación expresa del pluralismo informativo. En efecto, dadas la dificultades para apreciar cuál es la información veraz, tanto respecto de los particulares como de los medios, se optó por fomentar la pluralidad de las informaciones, de modo que el público pudiera discernir la más probable, para abordar en consecuencia la construcción de su autonomía en bases sólidas”. Este autor toca dos puntos muy importantes respecto de la ética de la información: primero el pluralismo que la supone y segundo la capacidad de discernir sobre la pluralidad de información que se presenta. En el caso concreto de México, es difícil hablar de pluralidad informativa cuando, por ejemplo solamente dos televisoras poseen la mayoría de los canales en televisión abierta. ¿Éste es un panorama alentador que promueve la ética de la información? No lo creo, ya que la cantidad descomunal de poder que representa el manejo de la información televisiva concentrado únicamente en las manos de dos empresas – Televisa y Televisión Azteca- no puede ser aceptado si buscamos un mínimo de ética informativa, ya que la misma necesita una amplia gama de opciones para que el ciudadano se forme una opinión que desemboque en una opinión pública informada. La misma ética informativa presupone libertad en los medios y no es referirse solamente a la no intervención del Estado en los medios de comunicación para dar el contenido a la información que más le convenga, sino que las mismas empresas de difusión informativa controlan a sus empleados- aunque sería mejor decir periodistas- para que presenten la información de la manera que les conviene más. Las mismas restricciones de opciones en cuanto a lugares de trabajo para que el periodista realice su labor limita la ética de la información, ya que el informador debe escoger entre actuar conforme a los requerimientos de la empresa sin importar si son éticos o no o simplemente no poder trabajar.

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No podemos hablar de conceptos como opinión pública cuando la población no tiene a su alcance la cantidad de información suficiente para formarse una, haciendo que, desgraciadamente, una gran cantidad de personas siga a los periodistas que dan a conocer las noticias de manera casi religiosa sin ningún cuestionamiento o duda acerca de la veracidad o el grado de asertividad de lo que están diciendo, lo que nos lleva a otro gran problema en la ética de la información: el discernimiento. Es decir, debemos tener la posibilidad de comparar la información para formarnos una opinión o en el peor de los casos, concluir que aquella que fue recibida se encuentra manipulada y no se nos comunica la verdad. No podemos esperar a que la calidad de la información y su ética cambien por sí mismas, es necesario exigirlo. ¿Cómo se puede exigir? No aceptando como dogma todo lo que los supuestos “líderes de opinión” tratan de imponer, ya sean opiniones personales o información.

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No debemos de ser pasivos frente de lo que se señala en los medios, hay que dudar acerca de ello, preguntarnos que tanto podemos confiar en lo que llega a nuestros oídos, porque, desafortunadamente, parece que los medios dictan reglas inatacables, o se está de acuerdo con ellos o no sabes nada. Y hay que cuestionarlos porque sería soberbio e ingenuo creer que siempre e invariablemente tienen la verdad absoluta, eso en ningún caso es imposible. Si no se demuestra una capacidad de duda en la población, dicha situación será aprovechada por los medios de comunicación para controlar la opinión pública, disminuyendo aún más cualquier estándar de calidad ética en la información. No se puede permanecer en el conformismo y aceptar sin ningún miramiento la información de dudosa veracidad, se necesita verdaderamente que el público funcione como un medio coercitivo enfrente de los informadores, hacer que ellos mismos vean la necesidad de mejorar su ética informativa. La carencia de pluralidad y calidad de la información nos lleva a otro ámbito con repercusiones graves en una sociedad que se proclama con valores democráticos: la desinformación. Si bien el acceso a información de escasa confiabilidad es de por sí un asunto delicado, la absoluta ausencia de la misma tiene consecuencias peores, porque lo que el hecho de no decir, la omisión en el deber de informar lleva implícita una obscura intención de esconder aquello que puede resultar trascendente e importante para una gran parte de la sociedad. Si como suele decirse “la información es poder”, el poder que se tiene al informar sólo lo que se desea y resguardar lo que pueda provocar un perjuicio es mucho mayor.

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A menudo los medios de comunicación, más que ser percibidos como entes que cumplen una función social, son percibidos como empresas y la verdad es que lo son. “Son empresas con ánimo de lucro o, por lo menos con la sana intención de ir sobreviviendo, empresas que deben responder, como cualquier otra empresa, al objetivo prioritario de maximizar sus beneficios”. Nadie niega esto, el periodismo es una profesión que tiene por objeto informar, como cualquier profesión es un trabajo y entendible que se constituyan empresas que tengan ese negocio. Esto en cierta forma, los convierte en sujetos de comercio, siendo esta consideración la que puede llegar a plantear problemas de ética informativa. Las facultades que tienen los medios informativos valen mucho en el mercado y habrá ciertos interesados que estén dispuestos a pagar grandes cantidades de dinero siempre que se maneja la información de una cierta manera o que definitivamente no se dé a conocer.

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La ética de la información en estos casos se pone a prueba, porque aunque los medios de comunicación buscan como empresas un beneficio económico ¿a costa de qué o, mejor dicho, de quienes lo hacen? Lo éticamente correcto, evidentemente, sería que no sucumbieran ante la ganancia en dinero que pudieran percibir por comprometerse a desempeñar su función como lo indique quien paga, como si la información se pudiera comprar. En este sentido, los medios de comunicación públicos representan ventajas en cuanto a ética se refiere. Se deben buscar medios públicos autónomos, libres de la influencia que puede llegar a tener el Estado sobre ellos debido a que son los que proporcionan lo necesario para que realicen su actividad, que permitan la expresión de ideas e información de una forma más libre, evitando que lleguen a tener conflictos de intereses, que no busquen propiamente un beneficio económico descomunal, un lucro excesivo- sino que su principal tarea es la de cumplir con los objetivos de los medios de comunicación y aún así que los miembros de dicho tipo de medios encuentren la misma calidad laboral profesional y personal que se tiene en un medio privado.

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La emisión de información, aunque es libre, no puede hacerse de forma irresponsable. Existen ciertos cánones que rigen los contenidos de la información, contenidos en códigos deontológicos periodísticos, que establecen de manera general,  una serie de normas que deben seguir los medios de comunicación y los periodistas como profesionales que son al desempeñar sus labores; su contenido se encuentra ciento por ciento relacionado con la ética de la información. Existen códigos de asociaciones, sindicatos, colegios e inclusive empresas como tal dedicadas a la información. Dichos códigos no tienen poca importancia, realmente muestran una voluntad del gremio periodístico de desempeñar su función no sólo en forma eficiente, sino ética, es decir, comprometidos a colaborar en la libertad de información que tiene cualquier persona. Verdaderamente representan un esfuerzo de autorregulación ética, al ser los mismos emisores de la información los que reconocen que la información que dan a conocer es vital para la vida de la sociedad y que la regulación que se establece debe seguirse para buscar una mejor calidad informativa. No pueden ser ignorados por los periodistas que forman parte del grupo que debe atender a éstos códigos. Si lo hicieran la autorregulación carecería de sentido, la misma palabra lo dice todo, ellos mismos acuerdan los criterios éticos que seguirán al difundir la información, nadie emplea la fuerza para que lo hagan. Al contradecir sus propios códigos confirman que  solamente son una serie de normas ideales que establecieron como requisito de forma y no de fondo, es decir, con el único fin de presentarse ante el público consumidor como “socialmente responsables” y sería un engaño atroz para el mismo. Precisamente otro aspecto resaltable de los códigos es que hace que el periodismo voltee hacia su responsabilidad social, a que el público tiene el papel principal en su profesión. Sin alguien a quien dar a conocer la información

 

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¿Qué función tendrían los medios? Es por eso que ellos mismos, por su interés y el de la sociedad, tienen que establecer las bases para que la confianza hacia ellos sea generada y una manera de realizarlo, es mediante el respeto a las normas autoimpuestas tendientes a una verdadera ética de la información. Sin embargo, con todo esto los códigos han sufrido críticas. Una de las más fuertes, refiere a que “los códigos suelen concentrarse por lo general en las obligaciones que deben cumplir los periodistas. De este modo suscitan una percepción individualista de los problemas éticos de la comunicación, como si todo fuera cuestión de cómo se comporta cada profesional.” En efecto, dejar únicamente a las consideraciones  de ética informativa que pudiera tener un código es peligroso y sería ingenuo pensar que sólo con eso terminarían los problemas de la información. La realidad es que difícilmente los códigos por sí mismos van a cambiar el mundo informativo. Aún así considero que su existencia, si bien no va a resolver de una vez por todas los problemas éticos, si representan un avance positivo, “la autorregulación debe tratar de garantizar que su actividad (la de los medios)  y la de quienes trabajan en ellos se oriente hacia el logro de una información honesta y útil, y de una comunicación enriquecedora”.

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Un aspecto imprescindible tratándose de ética informativa es la libertad de prensa ¿Cómo podemos exigir a los periodistas que den a conocer información de la mejor manera ética posible si, en primer lugar, no pueden ni siquiera emitir la que poseen? Esto tiene gran incidencia en la ética informativa, ya que la información vertida puede encontrarse viciada por factores que tienen agarrada por el cuello a la libertad de prensa o sencillamente puede no ser dada a conocer, por lo que el periodista ni siquiera puede tomar una decisión ética. Las condiciones para una libertad de prensa que resulten posteriormente en el conocimiento verdadero de la información son básicas si queremos que los periodistas realicen su labor informativa. Freedom House, una organización estadounidense independiente dedicada a promover y monitorear el desarrollo de la libertad en el mundo, dio a conocer su informe  Freedom of the Press 2010: A Global Survey of Media Independence. Según el mapa incluido en dicho informe, 16% de la población mundial goza de libertad de prensa, 44% sólo parcialmente y 40% no tiene libertad de prensa. Además durante el año 2009, sólo 1 de cada 6 personas en el mundo vivieron en un país con prensa libre. Esto nos habla de que aún falta camino por recorrer en cuanto a una libertad de prensa que propicie una libertad informativa ética.

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A pesar de que la ética de la información atraviesa varios problemas, no tiene ninguna consecuencia aceptar la situación tal y como está. Han existido avances en materia informativa. Sin embargo, ahora es momento de que los gobiernos, los medios de comunicación e –insistiendo- la población se interese por acabar de una buena vez con aquello que impide la evolución  de sociedades que inician a transitar por la democracia y de demandar que se haga efectivo el derecho a poder contar con la información emitida con parámetros éticos, permitiendo que la libertad de información deje de ser un adorno para que se forme en la realidad y podamos decir que vivimos en un país libre siendo una sociedad informada, con medios éticamente responsables.

José Rubio Carracedo, Ética del siglo XXI, Ed. Proteus, España, 2009, p. 47

Citado por Hugo Aznar, Comunicación responsable Deontología y autorregulación en los medios, Ed. Ariel,  España, 1999, p. 48

Íbidem, p. 45

Ensayo de Hugo Aznar en Deontología y Autorregulación Informativa, Ed. UIA, México, 2000 p.161

http://freedomhouse.org/images/File/fop/2010/MOPF2010.pdf

http://freedomhouse.org/images/File/fop/2010/OverviewEssayFOTP2010.pdf

Es muy interesante el estudio de Freedom House, para más información: http://freedomhouse.org/template.cfm?page=533

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