"Despertar Germano".
Dando un vistazo a las obras del autor irlandés James Joyce, uno puede encontrar analogías e importantes enseñanzas sobre lo que es la historia. En Ulises, su labor más famosa, Stephen Dedalus, uno de los personajes centrales afirma: “La historia es una pesadilla de la que trato de despertar”. Pero entendamos de manera correcta lo anterior, el autor dublinés trata el despertar como artista, dígase el crear algo trasciende al pasado personal y nacional. Despertar es llegar a ser uno mismo, separar lo que la mayoría nos dice que debemos ser y lo que en realidad somos. El mito es una versión del pasado que se prolonga en el presente, una narración creada por el deseo y no por la realidad, un deseo guiado por la necesidad de tranquilidad y consuelo. Despertar consiste en renunciar a dichos anhelos y recuperar la inteligencia para distinguir la verdad de la falsedad, según el pensamiento de Michael Ignatieff. En este caso observaremos lo que consistió ese “despertar” en Alemania.
La historia alemana puede ser tan corta como larga, depende desde que visión nos evoquemos, lo adecuado sería ver a Alemania a partir de su unión en la segunda parte del siglo XIX. Podemos destacar varios puntos, uno sería la “Guerra Franco-Prusiana”, que es un episodio considerado por muchos como el decisivo en el surgimiento de Alemania; la caída en la Primera Guerra Mundial; el ascenso y posterior caída del Tercer Reich; las dos Alemanias, aparición y derrumbe del Muro de Berlín.
De estos episodios, se han desprendido los mitos de la historia germana, en un inicio la victoria sobre Francia, le entregó un prestigio y presencia militar a la nación no sólo a nivel continental sino mundial. La tradición militar de Prusia, fue la guía del imperio alemán durante los principios del siglo XX. Alemania incluso consiguió hacerse de algunas colonias en África (Camerún, Tanzania, Togo y Namibia) y en el sur de Asia (parte de lo que hoy es Papua Nueva Guinea, Nauru, Samoa y algunas islas más de Oceanía). La consecuente derrota en la Primera Guerra Mundial y las consecuencias del Tratado de Versalles, pusieron al pueblo alemán en un ánimo de venganza, que fue alimentado por el nacionalsocialismo. Los alemanes de esa época fueron atrapados en el mito de grandeza que su historia les marcaba, de ahí que se justificara en parte la persecución de judíos y la subyugación de los pueblos eslavos (polacos, checos, serbios etc.).
De las diferencias que podemos encontrar entre la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial a la Segunda, es además de la ocupación aliada del territorio germano, son los llamados Juicios de Nuremberg; una de las principales consecuencias de estos, fue que en ellos se juzgó a las personas individualmente y no al pueblo alemán como tal, los ciudadanos alemanes no tuvieron que cargar con la culpa de la derrota como lo hicieron en la “Gran Guerra”, eso erradico el sentimiento de revancha que perduró en el periodo entre guerras.
La división de Alemania en cuatro sectores y el subsecuente nacimiento de la Alemania Occidental (República Federal Alemana) y de la Alemania Oriental (República Democrática Alemana) fue el símbolo más grande la Guerra Fría. El Muro de Berlín se convirtió en el mayor emblema de las diferencias entre Oriente y Occidente, entre comunismo y capitalismo. Sin embargo, más allá de las ideologías, los alemanes vivieron la división de su país por aproximadamente cuatro décadas, pero a pesar de dicha división, supieron encontrar los elementos para remar contra esa historia. Los ejemplos de dicho “despertar”, claro encontramos más ejemplos del lado occidental que oriental, por ejemplo la firma de los Tratados de París (1951) Roma (1957) y Bruselas (1967), que fueron los cimientos de la actual Unión Europea, significaron que el pueblo alemán estaba contemplándose a sí mismo como un pueblo europeo más. La política de “ostpolitik” de Willy Brandt, para con los países de Europa Oriental (sobre todo Alemania Oriental, Checoslovaquia, Polonia y la Unión Soviética), su famosa genuflexión en el ghetto de Varsovia, es un claro ejemplo del despertar del pasado nazi.
Finalmente la unificación de Alemania, precedida por la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, ha puesto al pueblo alemán a buscar su propia identidad, y lo han hecho con base en la cultura europea, ya no han recurrido a su turbulento pasado, que claro es, no lo han olvidado, pero lo han empleado como una lección. Su “despertar” ha significado también el inicio de un periodo de unidad europea, unión que cada vez es más numerosa y más sólida y que sin la presencia germana no hubiera sido posible.
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