"Orwell y la Montaña de Azúcar".
El nacionalismo es dogmático. Declaración sencilla, absoluta y un tanto arrogante pero no por eso menos cierta. A lo largo de los años hemos presenciado las ridículas aportaciones de los nacionalistas a la retórica popular, sin embargo el Jerusalén de ésta religión estatal siempre ha radicado en los Estados Unidos de América. Analizando eventos de dicho país podemos comprender mejor el problema.
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Desde el “macartismo” de mediados del siglo pasado (el cual resucitó y modernizó la inquisición española) hasta la monocromática y absurda frase de “God Bless America”, el nacionalismo contemporáneo bien podría consolidarse como una religión. Esto es debido al papel principal que interpreta la fe en esta obra ya que, como premisa básica, el país en el que uno se encuentre debe ser infinitamente superior a todos los demás y esto de manera incuestionable.
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Todo televidente que sintonice Fox News de vez en cuando tendría que conocer al escandaloso patriota Bill O’ Reilly. Dicho presentador, quién cuenta con más volumen que ideas, arduamente criticó a Obama por proponer una reforma de salud similar al sistema francés. No solo acusó al presidente de presentar una iniciativa de tono “socialista” (véase macartismo) sino de algo que –para O’ Reilly- pareciera fue una blasfemia: el analizar políticas públicas aplicadas en otros países para crear una local. Esto es consecuencia directa de la adhesión de O’ Reilly a los dogmas nacionalistas ya que implican la creencia de que, debido a que el país seleccionado es superior a todos los demás, el implementar ideas internacionales para resolver problemas internos implica una igualdad de condiciones.
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Imaginemos que para resolver la ya devastadora crisis de la iglesia católica, un cardenal de carácter renacentista propusiera conceptos budistas como la solución; la respuesta a esperarse de la iglesia no es muy distinta a la de O’ Reilly y esto es debido a que las ideas externas no son bien recibidas, las raíces del árbol –aún si se encontrasen sobre arenas movedizas- no se desecharán por otras de mayor calidad. El progreso es un inválido.
Toda crítica es mediocre si no busca construir y para los efectos de este artículo la solución es sencilla: la fe nacionalista presenta el más potente obstáculo para los derechos humanos y la paz y por eso debe desaparecer. León Tolstói correctamente afirmó que “Para abolir la guerra es necesario abolir el patriotismo, y para abolir el patriotismo es primero necesario entender que representa un mal. Dile a la gente que el patriotismo es malvado y la mayoría responderá ‘Si, el mal patriotismo es malvado, pero el mío es buen patriotismo’”.
Este es el virus que plaga a los estados, un meme infantil que se reproduce en épocas arduas o de crisis, cuya iglesia es el estado, el mesías una bandera y la fe, pues esa es la misma.
Si no lo dudas no lo entiendes,