"Orwell y la Montaña de Azúcar".

Publicado en por J.Jaime Enríquez Reynoso. Representante ante Medios Universitarios.

El nacionalismo es dogmático. Declaración sencilla, absoluta y un tanto arrogante pero no por eso menos cierta. A lo largo de los años hemos presenciado las ridículas aportaciones de los nacionalistas a la retórica popular, sin embargo el Jerusalén de ésta religión estatal siempre ha radicado en los Estados Unidos de América. Analizando eventos de dicho país podemos comprender mejor el problema.

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Desde el “macartismo” de mediados del siglo pasado (el cual resucitó y modernizó la inquisición española) hasta la monocromática y absurda frase de “God Bless America”, el nacionalismo contemporáneo bien podría consolidarse como una religión. Esto es debido al papel principal que interpreta la fe en esta obra ya que, como premisa básica, el país en el que uno se encuentre debe ser infinitamente superior a todos los demás y esto de manera incuestionable.

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Todo televidente que sintonice Fox News de vez en cuando tendría que conocer al escandaloso patriota Bill O’ Reilly. Dicho presentador, quién cuenta con más volumen que ideas, arduamente criticó a Obama por proponer una reforma de salud similar al sistema francés. No solo acusó al presidente de presentar una iniciativa de tono “socialista” (véase macartismo) sino de algo que –para O’ Reilly- pareciera fue una blasfemia: el analizar políticas públicas aplicadas en otros países para crear una local. Esto es consecuencia directa de la adhesión de O’ Reilly a los dogmas nacionalistas ya que implican la creencia de que, debido a que el país seleccionado es superior a todos los demás, el implementar ideas internacionales para resolver problemas internos implica una igualdad de condiciones.

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Imaginemos que para resolver la ya devastadora crisis de la iglesia católica, un cardenal de carácter renacentista propusiera conceptos budistas como la solución; la respuesta a esperarse de la iglesia no es muy distinta a la de O’ Reilly y esto es debido a que las ideas externas no son bien recibidas, las raíces del árbol –aún si se encontrasen sobre arenas movedizas- no se desecharán por otras de mayor calidad. El progreso es un inválido.

 

Toda crítica es mediocre si no busca construir y para los efectos de este artículo la solución es sencilla: la fe nacionalista presenta el más potente obstáculo para los derechos humanos y la paz y por eso debe desaparecer. León Tolstói correctamente afirmó que “Para abolir la guerra es necesario abolir el patriotismo, y para abolir el patriotismo es primero necesario entender que representa un mal. Dile a la gente que el patriotismo es malvado y la mayoría responderá ‘Si, el mal patriotismo es malvado, pero el mío es buen patriotismo’”.

Este es el virus que plaga a los estados, un meme infantil que se reproduce en épocas arduas o de crisis, cuya iglesia es el estado, el mesías una bandera y la fe, pues esa es la misma.

Si no lo dudas no lo entiendes,

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L
<br /> <br /> Con todo respeto, discrepo de que nacionalismo y patriotismo sean tratados como si tuvieran que ser necesariamente una especie de ABSOLUTOS QUE PROVOCARAN siempre fanatismo. La frase del Tolstoi<br /> me parece simplista y no veo por qué un valor patriótico que reconoce también a los derechos de las demás patrias ha de provocar guerras o violaciones, necesariamente, a los derechos humanos.<br /> <br /> <br /> Propongo a lectores y autor del artículo consultar la idea de patriotismo que han expresado los dos últimos papas. }<br /> <br /> <br /> Tampoco concuerdo en que haya que comparar la fe religiosa o la pertenencia a la Iglesia católica con el patriotismo nacionalista extremo o con un supuesto talibanismo que orilla a absolutizar<br /> las propias convicciones en detrimento de la paz. No, ese discurso no me parece comprensivo para quienes aún amamos el patriotismo sin patriotería ni pARA LOS QUE tenemos fe y no obstante también<br /> respetamos como absoluto la recta conciencia ilustrada de los demás y creemos que nuestro Dios es más grande de lo que abarca nuestra filosofía y por supuesto, nuestras ciencias empíricas.<br /> <br /> <br /> Me opongo a la generalizaciones unilaterales.<br /> <br /> <br /> Atentamente: Lic. Javier Prieto Aceves<br /> <br /> <br /> <br />
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J
<br /> <br /> Es León Tolstói.<br /> <br /> <br /> <br />
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I
<br /> <br /> Muchas gracias por comentar! La corrección fue realizada! Aunque existen varias formas de mencionar a tan laureado autor. Saludos.<br /> <br /> <br /> <br />