"Panegírico de Don Quijote".

Publicado en por Silvano Vitar. Invitado Especial.

 

“El hombre es un ser arrojado a la existencia”.

Martin Heidegger

 

¿Está el ser humano sólo en su propia existencia?

Acaso podríamos distinguir diversas respuestas sea en una visión existencialista donde la existencia precede a la esencia, sea en una visión católica donde la esencia precede a la existencia; si se toma una postura u otra es una cuestión que bien vale la pena preguntarse; pues justo es en la edad moderna y tal vez habría que señalar también la contemporánea como periodos que ofrecen posibilidades ilimitadas o acaso más amplias que su época precedente, no sólo en la aproximación en cuanto a conocimiento se refiere pero en hacer la vida más “fácil”; bastaría observar como las distancias se han acortado, inclusive la formas de viajar son más veloces, está de sobra hacer notar el desarrollo de las comunicaciones. A pesar de ello el hombre parece sentirse más solo que nunca.

El hombre de nuestros tiempos no quiere sufrir; cabría cuestionarse si el amor puede existir sin el sufrimiento, o acaso están condicionados a semejanza de felicidad-tristeza o frío-calor; pues nos sobran ejemplos en nuestra cultura occidental de ello; Desdémona y sin dejar de mencionar a Clemencia han de sufrir por su amor. Curioso es que se nos muestre al sufrimiento como un aspecto diabólico pues con ello se rechaza la sabiduría que trae consigo. Pero el sufrir da carácter, prueba las virtudes de un hombre y hace la división entre aquellos que se comprometen con una idea y los que no toman compromiso con idea alguna.

Así el Caballero de la Triste Figura; este hombre que sufre en un mundo que no lo puede comprender y que acaso se ha vuelto loco y necesita renacer; aparece para pelear por una idea, inclusive sufrir por ella a pesar de no poder verla en este mundo aparencial. Pues bendecidos son aquellos que creen a pesar de no haber visto, y nuestro caballero cree, siente, pelea, sufre y resiste.

En esta época ello es más propio de la locura, pues en la sabiduría popular un hombre que sufre no puede ser feliz; mas el hombre no está en el mundo sólo para ser feliz, la felicidad es consecuencia de algo más elevado.

“Sólo la verdad os hará libres”; y nuestro Caballero vive por la verdad; misma que no ha de ser encontrada en el trabajo mecánico en donde el trabajador no se siente identificado con su obra, pues qué obra es sólo poner agujetas cuando el crear es poder identificarse con el todo, dicho se da paso el artesano se identifica con su obra. ¿Podemos decir lo mismo de aquel ponedor de agujetas?. Si el trabajo mecánico nos ha dejado ciegos habrá que arremeter contra su causa, ya vemos a nuestro Caballero con adarga y lanza en mano en aquel suelo manchego arremetiendo contra las máquinas que nos ciegan; pues en realidad son monstruos y molinos de viento sólo en apariencia. ¿Acaso no es monstruoso todo aquello que disminuye nuestra capacidad de pensar?; ¿Dónde se encuentra la vida espiritual en ser una pieza del aparato de producción?. Pues acostumbrados a lo mecánico difícil será encontrar verdad, pues inclusive en dicho ambiente mecánico se viven las relaciones personales.

“Debo encontrar una verdad para mi, aquella idea por la que quiero vivir y morir”.Y qué otra podrías tener mi buen Don Quijote que tu querida Dulcinea, ella es la gloria como el maestro Unamuno comentaba; y por ello caso omiso habrá de hacer a las transformaciones de los despreciadores de la verdad que buscan atacarte en lo que más amas; ya como Aldonza, ya como una vil pastora; mas que son esas apreciaciones sino la visión de una mujer como producto. No saben aquellos despreciadores ver en la mujer amada el ideal y con ello dejar de lado el amor platónico para dar cabida al divino donde la amada es nuestro ideal y ello posibilita acaso que dos formen uno.

Mentirá aquel que diga que nuestro Caballero se pertenecía a sí mismo; cómo había de pertenecerse cuando su pensar y actuar eran causa de Ella, su pensamiento dejo de ser suyo cuando se enfoco sólo en ella, y sus acciones eran para ella pues a ella los vencidos habrían de llegar; hacías bien en luchar por tu Dulcinea como la más hermosa pues aquellos despreciadores sólo saben ver por la satisfacción de sus sentidos cuando tú mi Don Quijote no necesitabas de tu Dulcinea en Apariencia para hacer cada batalla una lucha por Ella.

¿Dónde están las ideas por las que hemos de vivir y morir?, ¿Dónde está el Caballero?, eso es lo que pueden los monstruos de nuestra época, ya como máquinas, ya como medios masivos de comunicación, reducir nuestra capacidad de pensamiento abstracto. He ahí a nuestro caballero con las armas rotas, eso es lo que pueden los gigantes; pero no romper nuestro espíritu, ya habrá suficiente corteza de árbol para una nueva lanza; Acaso lo necesario sea un espíritu como el del Caballero de la Triste Figura; un espíritu que dice no cuando los demás dicen sí, acaso uno dispuesto a pelear y a sufrir.

Habrá que coger el sufrimiento de nuestro Caballero y con ello la sabiduría implícita en el mismo, sólo así se puede hacer frente a la locura de la época, sólo así se puede resisitir cuando la verdad no es tarea fácil.

 

¿Dónde están los caballero en las fábricas?; sólo se pueden observar máquinas con prisa, tanta prisa que impide cualquier relación, ya no se siente, ya no se ama, ya no se aprende… acaso ya no se sufre.

 

“-¿Y qué prisa tiene?- le contestó Markheim- Resulta muy agradable estar así, conversando. La vida es tan breve y tan incierta que yo no abandonaría por nada un placer…; no, señor, ni siquiera un placer tan leve como éste de ahora. Deberíamos aferrarnos, sí, aferrarnos a lo poco que podemos tomar con nuestras manos, como un hombre al borde de un precipicio. Bien pensado, cada segundo es un precipicio…, un precipicio de gran profundidad…, lo suficientemente profundo como para que, si caemos al fondo, perdamos hasta nuestro último rasgo de seres humanos. Lo mejor que podemos hacer es conversar agradablemente. Hablemos, pues; quitémonos las máscaras, intercambiemos confidencias. ¿Quién sabe si no terminaremos siendo amigos?”.

Llegado es el tiempo de analizar una de las virtudes de nuestro Caballero; prescindiendo de las otras por la relevancia que muestra la fortaleza en la óptica de sus actos.

            Pues el hombre que escribió acerca de él hace referencia que a donde iba la gente habría de hacer de él un chiste, riéndose de él; lo cual no habría de extrañarnos pues justamente se hace burla de aquello que no se puede comprender, de lo diferente.

 

Algo anda mal en la sabiduría popular si ha de hacer burla de aquello que es auténtico; pues el de la Triste Figura soporta en un mundo que ha de escupirle y reírse de él… curioso es que los hombres auténticos y amorosos habrán de ser escupidos y recibir burlas, acaso ser crucificados. No sólo arremeter contra las armas de nuestro Caballero mientras hacía vela de las mismas pero con su escudero. Acaso no se arremetió de igual manera contra los apóstoles?; Molido uno y crucificado El; y a pesar de ello su espíritu queda.

Pues pelear por una idea es enriquecer el espíritu, ya conformado por ideas habrá de trascender y no por medio de placeres o deseos.

Fortaleza, mal hicieron en establecer jerarquía con tus hermanas las virtudes pues necesaria eres para pelear por una idea, e inclusive caer por la misma; no se cae en la inmortalidad pues justo es en el instante que pasa y no vuelve en donde se ponen a prueba las virtudes todas, no ya en lo eterno por facultar para todo lo bueno y todo lo malo; y qué sentido ser fuerte en la eternidad si es posible lo contrario. Por ello nuestro Don Quijote existió en un tiempo determinado y mal hará quien diga lo contrario; pues es en su instante en donde dio virtud eterna; justo en el que no regresa es en donde se eligió a sí mismo.



Soren Kierkegaard



2 Robert Louis Stevenson, “Markheim”, ed. Alfaguara.

 

¿Acaso hace alguna diferencia elegir en la eternidad?

 

Ya caemos por nuestra vulnerabilidad en cada instante, condición necesaria para la fortaleza siendo que no es valiente aquel que no es vulnerable, ya porque no arriesga en sus actos.

 

Cabalgabas entonces y cabalgarás en cada renacer con toda la vulnerabilidad en tus hombros; ya molido aunque no herido, ya escupido, ya burlado; conociste el miedo pues aquella aventura de los batanes e inclusive la tenebrosa cueva de montesinos  no nos dejarán mentir. Con ello, no dejarías que el miedo te paralizara en acometer buenas obras, hombre que tiene una idea por la cual vivir y morir misma que es fundamento para tu vida espiritual. Por ella habrás de sufrir en este diablo mundo; pues comprometido con tu idea  encontraste tu vocación y con ello la angustia de responsabilidad que trae consigo.

 

Antes de continuar permítaseme hacer una advertencia, acaso una justificación:

 

“Y dejando también mis disgresiones,

más largas cada vez, más enojosas,

que para mí son tachas y borrones

de las mejores obras, fastidiosas

haciéndolas, llevando al pacienzudo

lector confuso siempre, aunque es defecto

de escritor concienzudo

que perdona el efecto,

con la intención de mejorar conciencias

con sus disertaciones y advertencias.” José de Espronceda, “El diablo mundo”. Ed. Porrúa

 

Por ello habría que defenderte de acusación tan seria (pues sólo alguien serio no sabe reírse en lo que vale la pena) que se te ha hecho; ya te acusan de ¡imprudente! Y se remiten a aquella hazaña tuya en donde liberas a los que encadenados iban y mal de su gusto. No habrá de sorprendernos  dicha acusación pues te juzgan con mentalidad de abogado, maldito el día en que dicha mentalidad se empezó a usar para juzgar las cosas humanas todas, pues con ello los actos han de ser juzgados por los resultados y no por las intenciones y con ello reclaman tu imprudencia al exclamar  “nadie se hará justicia por su propia mano”; mas no te ofendas mi querido Don Quijote por su mentalidad más bien endeble , no ven acaso lo complejo del ser humano y buscan en la seriedad la simpleza. Olvidan que has velado tus armas y que te encomiendas a tu Señora Dulcinea, olvidan que aplicas un principio general a tu ámbito particular, el de Caballero Andante, y por ello eres la mano ejecutora de justicia; no la legal si es que hay justicia tal, sino la divina y por ende inmediata o acaso Sodoma y Gomorra tuvieron proceso alguno?.

 

Llegando a este punto habría que preguntarse si El de la Triste Figura es un mártir, teniendo en cuenta que para ello no debe despreciar la vida y con ello estar dispuesto a perderla por algo mejor que sí mismo, No es cualquier lucha tu lucha y ni siquiera con cualquiera; reglas de caballería y por las viudas y los necesitados habrás de pelear restaurando la justicia que conforma la idea de la Caballería Andante.

 

¡Y qué habría de ser mejor que tu en sí que tu querida Dulcinea!

 

Alzar la lanza contra aquel que dude de tu fortaleza es lo que se debe hacer, acaso no sufriste como mártir; acaso no moriste como tal. Fallaste, si, en ser lo que el vulgo esperaba de ti, un “hidalgo” que cuida de su tierra; lo que no ven es que eres un hijodalgo y por ello tu ascendencia empieza en ti y con ello darás vida a hijos espirituales; fallaste en lo que se esperaba de tu mas no en tu ser y en tu fe; ya dejas todo por tu idea ya Pedro comparte tu camino.

 

Hasta ahora nuestro Caballero sigue varios patrones, valores cristianos, la idea de ser más grande que “Amadís de Gaula”, y con ello; ¿ Es Don Quijote una copia y por tanto sus actos carecen de autenticidad?

 

Para poder dar una aproximación a ello es necesario entender el aspecto mimético de Alonso Quijano.

 

Ser mimético implica los patrones de la naturaleza sin ser la misma exactamente, es una tensión creada entre la realidad y la autenticidad en donde el acto mimético se parece a otros actos (lo cuales denominamos universales) pero añadiendo algo más a dicha realidad, la individualidad de aquel que realiza el acto.

 

Por ello Cristo sólo el que murió en la cruz, siendo los actos miméticos lo que da posibilidad a la santidad al tener la misma intención “El Reino de D-os en la Tierra”. Ningún santo es Cristo pues sólo tienen la posibilidad a través de Él, y ello no implica que carezcan de autenticidad ya que su individualidad no deja de crear tensión con lo universal.

 

Auténtico eres Don Quijote, tu autenticidad está presente a pesa de tener en mente los mismos actos universales de Amadís de Gaula.

 

Y por tu autenticidad fuiste burlado, pero olvidan que el burlador resulta burlado, pues tú viste a los monstruosos gigantes y el peligro de la industrialización, tú viste como para hacer técnicos los gigantes necesitaban que todos vieran molinos. ¡He ahí el peligro! El hacer iguales a los diferentes, el hacer masa al individuo.

 

Pero tú Don Quijote sabías bien de diferencias, por ello no pelearás mas que con Caballeros, sabías de tu tradición y por ello no eras un simple payaso, pues fuiste armado haciendo la vela de tus armas.

 

¿Dónde habremos de encontrar caballeros hoy en día? Acaso sólo se observan masas y la masa no tiene actos miméticos; el hombre masa se siente bien con ser como todos los demás, no hay autenticidad en el dejarse llevar por el movimiento del mar sin lucha; acaso habría que preguntarse si hay acto alguno o más bien un estado parasitario.

 

Don Quijote por tu idea has de morir, tú si podías exclamar “Yo sé quién soy”.

 

Pero el mundo ha enloquecido y se levanta como insecto; por lo que se necesario nos libres de dicha pesadilla Kafkiana.

 

Esperemos que la esperanza unamuniana se vuelva realidad y renazcas para cabalgar de nuevo a donde tu Rocinante te lleve pues:

 

“¡Y el alma no sé yo do se esconde!

Vamos andando sin saber adónde.” José de Espronceda- el diablo mundo

 

“¿Será del hombre el hombre el enemigo,

y en medio de los hombres solitario,

él su sola esperanza y solo amigo

verá en su hermano su mayor contrario? José de Espronceda “ “ “.

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