Reflexiones en torno a la Estela de Luz.
Sabemos que toda República requiere de héroes. Francia creó a sus héroes republicanos y levantó varias estatuas en su nombre que reflejaban los nuevos símbolos del poder a mediados del siglo XIX. Los nuevos monumentos recordaban la muerte del Antiguo Régimen. Maurice Agulhon da cuenta de este movimiento republicano y la manía de erigir estatuas con la simbología republicana.
Seguramente, durante los próximos días seremos testigos de varios actos públicos respecto a la conmemoración del inicio de la Independencia y la exaltación de sus héroes, sin embargo, hasta ahora, no queda claro cuáles serán las obras que estarán terminadas por parte de los gobiernos federal y local para festejar el suceso. Hace poco se informaba en los diarios que la principal obra del gobierno federal para conmemorar el magno evento, la llamada “Estela de luz” no estaría concluida a tiempo, ¡sino un año después de la fecha fijada para su entrega!
El Secretario de Educación Pública declaró que los constructores de la “Estela” se habían dado cuenta “gradualmente” de la falta de previsión en cuanto a los cimientos de obra. Me llama la atención el hecho de que estas declaraciones no hayan estado sujetas a un mayor escrutinio. En principio, la obra tendría un costo de 393 millones de pesos y a causa de esa falta de previsión los gastos aumentaron hasta alcanzar los 690 millones de pesos. En un país en el que cada día aumenta el número de pobres, parece una cifra enorme para que nadie se haya ocupado de esgrimir mejores argumentos para justificar tal desorden. Como mexicano, me pregunto si nadie es responsable de este hecho tan lamentable. Probablemente, el hecho pasa desapercibido en virtud del clima de violencia y desasosiego que vive la República en estos días. Por otro lado, nuestra normatividad barroca hará difícil encontrar al culpable de esta dilación y propiciará que no se aplique una sanción a los responsables; la impunidad de siempre.
Aparentemente nada se previó a tiempo, la convocatoria para la licitación fue lanzada apenas en enero de 2009. Sólo para tener un comparativo, la Comisión que prepararía los festejos del centenario durante el Porfiriato comenzó sus labores en 1907, tres años antes del evento, pero nuevamente no podrían compararse los festejos del centenario que organizó Porfirio Díaz con los de cualquier gobierno de la actualidad. El gobierno de Díaz aventajaría a cualquiera de los actuales y con creces, o es que acaso la “Estela de Luz” (que no se concluyó) o el “Circuito bicentenario” pueden comparase en importancia con la apertura de la Universidad Nacional, un proyecto impulsado por Justo Sierra, la inauguración de la columna de la independencia, del Hemiciclo a Juárez, del manicomio de La Castañeda, la edificación o reparación de la infraestructura nacional (bibliotecas, calzadas, caminos, relojes públicos, teatros, parque y jardines).
Vale la pena especular un poco, pero me cuesta trabajo pensar qué excusa hubieran podido ofrecer a Porfirio Díaz los ministros de Instrucción Pública y Bellas Artes, Relaciones Exteriores, Gobernación, Guerra y Marina y Hacienda, auxiliares de la Comisión que se encargó de los festejos, en el supuesto de que la columna de la Independencia no hubiera estado lista, pero Díaz, pese a la mitología revolucionaria que le imputó tantas faltas, fue un buen gobernante.
La conclusión es sombría pues las pifias y la ineficiencia que han mostrado los gobiernos local y federal en la organización de los festejos con motivo del inicio de la independencia son sólo un pálido reflejo de un problema mayor, de una realidad que nos supera cotidianamente al intentar abrir un negocio y toparnos con un mar de burocracia, o al procurar pagar impuestos y encontrarnos con que requerimos obtener un doctorado en misceláneas fiscales, al subirnos al metro y saber que siempre, día y noche, está saturado porque no hay más líneas, pero sí periféricos que se inundan y desde los cuales se precipitan vehículos que lesionan a los ciudadanos. Ya existe una película en cartelera que define la vida diaria del mexicano y su título es: el infierno.
Ambos gobiernos son autoritarios, soberbios y represores y al mismo tiempo ineficaces para cumplir con los propósitos que debieran justificar su existencia o ¿tiene sentido que no podamos pedir una bolsa de plástico, que esté prohibido vender dólares, fumar o comprar penicilina sin receta, o circular por el Paseo de la Reforma?, pronto también estará prohibido que los niños compren golosinas en las escuelas, respirar y vivir. Ya lo dijo hace muchos años Herbert Spencer, se trata de una lucha del individuo contra el Estado.
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